El perfil demográfico de la exposición a la inteligencia artificial no se parece en nada al de la automatización industrial.
La IA está lejos de cubrir todo su potencial. Pero la brecha se estrecha progresivamente, y la dirección del movimiento no admite duda.
Es en ese espacio entre lo posible y lo real donde se sitúa la paradoja más importante del informe. El análisis no encuentra un aumento sistemático del desempleo en las ocupaciones con mayor exposición observada. La diferencia en las tasas de desempleo entre los trabajadores del cuartil más expuesto y los del grupo sin exposición es pequeña y estadísticamente no significativa.
Esa es la noticia que invita a la calma. Pero tenemos que ir más allá.
Las ocupaciones con mayor exposición observada presentan perspectivas de crecimiento más débiles según las proyecciones del Bureau of Labor Statistics para el período 2024-2034. En concreto, por cada incremento de diez puntos porcentuales en la cobertura observada, la proyección de crecimiento del empleo cae 0,6 puntos porcentuales.
Y los perfiles más expuestos no son trabajadores de baja cualificación ni sectores de escaso valor añadido. Son profesionales con mayor nivel educativo, con una proporción de titulados de posgrado casi cuatro veces superior a la del grupo no expuesto, y con salarios un 47 % más altos de media.
El perfil demográfico de la exposición a la inteligencia artificial no se parece en nada al de la automatización industrial. Estamos ante una tecnología que incide primero en los estratos profesionales donde el conocimiento, la capacidad analítica y la gestión de información son el núcleo del trabajo diario.
Exactamente el territorio que ocupan las funciones jurídicas.

